Reseña: «En casa de mis abuelos»

En casa de mis abuelos
Arianna Squilloni (Autora), Alba Marina Rivera (Ilustradora) 
Ediciones Ekar

 

+6 años

 

Una niña, la voz narradora de este cuento, recuerda los veranos pasados en casa de sus abuelos, en compañía de su primo.
Nos cuenta que durante el invierno los abuelos suelen luchar contra la lluvia por culpa de las goteras en el techo de su casita en el campo.
Recuerda a su abuelo deambular siempre con bastón, eran inseparables. Pero, sobre todo, a su abuelo le encantaba seguir a su abuela. Ambos era capaces de ingeniárselas con lo que tenían. Su abuela hacía magia con sus medias, las usaba para todo: para reforzar el gallinero o como cuerda para tender la colada.
Cuando ella y su primo llegaban a casa de los abuelos, el verano estaba en su máximo esplendor. La protagonista relata tardes enteras pasadas a recoger melocotones maduros, a preparar refugios para los pájaros o a hacer volar una cometa. Y también a colorear las tejas que se habían caído de un cobertizo. Lo que en ese momento todavía no sabía es que aquellas tejas y sus vivos colores alegrarían el largo invierno de sus abuelos…
Este álbum ilustrado sale de los tópicos de la literatura infantil sobre abuelos. Es mucho más que la narración de un verano inolvidable pasado con los abuelos. Texto e ilustraciones forman un conjunto indisoluble y la cantidad de detalles diseminados a lo largo de libro hacen que sea muy especial.
Cada página suele tener una única frase que las ilustraciones completan y enriquecen y, a veces, incluso se adelantan al texto. Todo está conectado. Hay objetos clave, no solo el bastón del abuelo y las medias de la abuela, que vuelven a aparecer a lo largo del cuento: el paraguas y la cometa, por ejemplo. Unas preciosas imágenes bucólicas, en las cuales tienen mucha relevancia la flora y la fauna, la naturaleza y el paso de las estaciones.
La lluvia es el hilo conductor de la historia, presente desde las guardas, como lluvia normal en las guardas delanteras y como mágica lluvia de colores en las traseras, transformada en símbolo de esa alegría contagiosa que la infancia sabe transmitir.
Un cuento realista en el que la ilustración final destaca de forma considerable: en ella se mezclan verano e invierno, pasado y presente, melancolía y alegría.
Un álbum que nos habla de la vida en general, con sus dificultades cotidianas pero sobre todo de la hermosura y la felicidad de la vida compartida, de la importancia de los recuerdos.
Alba Marina Rivera, ilustradora que nació en Rusia y se crió en Cuba, cuenta en su web que se enamoró del texto de Arianna Squilloni en cuanto lo leyó por primera vez. Para ella ilustrar este libro ha representado «un honor, un reto y una gozada» y le ha dedicado dos años de trabajo.
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