Reseña: «Érase dos veces…Pinocho»

Érase dos veces…Pinocho

Belén Gaudes, Pablo Macias (Autores), Nacho de Marcos (Ilustrador)
Ed. Cuatro Tuercas

+7 años

 

Giuseppe, un carpintero sin pareja ni hijos que hasta aquel momento había dedicado su vida entera al trabajo, un día se da cuenta de lo mucho que en su casa hacía falta la alegría y la espontaneidad de un niño. Decide así de tallar en madera un muñeco del tamaño de un niño de unos 7 u 8 años.
El resultado es increíble: la cara del muñeco es tan expresiva que parece real.
Giuseppe está tan satisfecho del resultado de su trabajo que empieza a imaginar lo feliz que sería si se tratara de un niño de verdad. Empieza a hablarle, le pone nombre, incluso le parece que se mueva.
Una noche la vida de Giuseppe y de su marioneta Pinocho cambiará para siempre gracias a la intervención mágica de un hada que concede la vida al muñeco de madera.
En esta historia no será a Pinocho a quien le crezca la nariz cuando diga mentiras sino a todos los adultos que no dicen la verdad.
Y la primera “víctima” de su propia mentira es el hada cuando pide a Pinocho que obedezca a Giuseppe sin cuestionar lo que este le diga, amenazándole con que le pasarán cosas horribles si no lo hace. Pero, al ver las nuevas y enormes dimensiones de su nariz, reconoce haberse equivocado y retrata su desacertada afirmación.
Al tiritero que ofrece a Pinocho fama y dinero, jurándole que así conseguiría la felicidad, también le delata el crecimiento de la nariz…
Y Giuseppe mismo tendrá que pedir perdón a Pinocho por pronunciar una de las peores frases que se le pueda decir a un niño: “Si no me obedeces, dejaré de quererte”. Una mentira y una crueldad a la vez.
El conocido País de los Juguetes de la versión original aquí se transforma en la Isla de la Obediencia Ciega, donde en burro se convierten tod@s l@s niñ@s que dejan de pensar por si mismos y solo obedecen sin rechistar. En esa isla no hay espacio para juguetes ni para disfraces ni para cuentos…
Pinocho, al ver a muchos niños subir al barco rumbo a la isla, toma la decisión de subir para echar un vistazo, una decisión que puede tener consecuencias muy graves…
El cuento original, Las aventuras de Pinocho, escrito por Carlo Collodi en 1883, es todo un clásico de la literatura infantil. En Italia, donde yo me crié, era prácticamente imposible librarse de esta historia. Y de las pesadillas que conllevaba. El gato, el zorro y el tiritero son personajes cuya maldad se ha vuelto emblemática.
Un cuento que pretende enseñar “valores”: obedecer a padres y maestr@s, no mentir, dedicarse a estudiar y no a jugar.
Adoro esta versión de Belén y Pablo, en primer lugar porque desmiente la falacia de la obediencia: no podemos pretender que de adult@s sean independientes y capaces de tomar sus propias decisiones, si de niñ@s les pedimos que hagan lo que nosotr@s digamos sin cuestionarlo.
La Isla de la Obediencia Ciega representa todo eso: l@s niñ@s dejan de jugar, de divertirse y solo cumplen órdenes. Pinocho acaba allí tomando una decisión equivocada pero, por lo menos, es su decisión.
En esta versión se recupera además el valor del juego, fundamental para el aprendizaje de l@s niñ@s, especialmente a edades tempranas, un tema muy actual porque por fin los padres están protestando contra el exceso de deberes que, sobre todo en Primaria, no deja que sus hij@s descansen y tengan tiempo de ocio.
También me encanta que Giuseppe entienda su error al intentar chantajear a su hijo para que le obedezca y sepa pedir disculpas. No vamos a querer menos a nuestr@s hij@s si no nos hacen caso, entonces ¿por qué decirles algo así cuando sabemos que les causa sufrimiento? Pinocho también reconoce su error al no haber avisado a su padre de que iba a llegar tarde, le pide perdón y se funden en un abrazo reconciliador.
Este es uno de los momentos cruciales del cuento porque da lugar a una pequeña transformación en ambos personajes y los deja un poquito más cerca de convertirse en un niño y en un padre de verdad. Ambos personajes viven una transformación profunda, que en Pinocho se reflejará también a nivel físico.
La ilustración final con Giuseppe porteando a Pinocho, lo que los opinólogos considerarían un “niño demasiado grande”, es una maravilla.
Este cuento está dedicado a Maria Montessori ¡e incluso descubrimos que Giuseppe es un artesano de materiales Montessori!
Así que, una vez más, no puedo que dar las gracias a Belén y Pablo por haber escrito esta nueva versión tan acertada y salvífica de un libro que, interpretado a la luz de los principios de la crianza respetuosa, resulta bastante duro.
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