Teta es vida – Semana Internacional de la Lactancia Materna

En la foto: Anna Laura con una semana de vida, luchando para conquistar su teta

Hoy os cuento nuestra, de Anna Laura y mía, personalísima experiencia con la lactancia materna.
Lo hago recogiendo la invitación de Madresfera, comunidad de madres y padres blogueros de la cual soy miembro.
Me sumo así al #ProyectoK de la ONG Acción contra el Hambre para concienciar sobre la importancia de la lactancia materna en la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil.
Cuando me quedé embarazada sabía poco o casi nada sobre bebés y menos aún sobre lactancia.
De bebé tomé leche de formula (oficialmente porque no quería la leche materna, no me enganchaba al pecho).
En mi entorno casi nadie había amamantado a sus hijos y las pocas que lo habían hecho habían llegado como mucho a los 3 meses, por un motivo o por otro: trabajo, dificultad en aceptar lo que implica ser madre, etc.
Tuve la suerte de dar con una matrona de la Seguridad Social muy preparada y pro-apego que nos explicó la importancia de la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del bebé.
Ese fue mi primer objetivo: llegar a los 6 meses de LME.
Pero tras el nacimiento de mi hija, los comienzos no fueron nada fáciles: mi niña sin apenas comer los primeros 3 días, mi pareja muy agobiado que insistió por enchufarle algún que otro biberón de leche artificial.
Pero yo no me iba a rendir.
Iba a conseguirlo costara lo que costara por el bien de mi hija.
Así que compré un sacaleches, puse todo de mi parte y en pocos días pudimos empezar con lactancia materna exclusiva.
Tuve grietas, muchas dudas (¿estará comiendo lo suficiente?, ¿estará mojando suficientes pañales?) y un par de mastitis.
Todo debido a la falta de experiencia.
Pero todo eso ya no tiene importancia, comparado con la alegría que me da saber que hice lo mejor para ella.
Un día una amiga me regaló un libro del pediatra Carlos González: «Un regalo para toda la vida«, que en aquel momento era un desconocido para mí.
Ahora puedo decir que es el mejor regalo que pudiera hacerme. Ojalá lo hubiese leído durante el embarazo. Me habría evitado tantas dudas y tantos agobios.
Gracias a ese libro (y a la trilogía de González, que enseguida compré: Comer, Amar y Mamar) abrí los ojos no solo sobre lactancia sino sobre crianza.
Descubrí que lo que hacíamos (no dejar llorar a la niña, cogerla en brazos, hacer piel con piel, no forzar su desarrollo) tenía un nombre: crianza con apego.
Llevamos 3 años de lactancia y seguiremos hasta que a las dos nos parezca bien.
 

Teta es comida pero ahora es sobre todo amor y consuelo. Es nuestro momento. La manera preferida de Anna Laura de dormir y despertarse. Sin llantos.

Amamantar es beneficioso para la mamá y para el bebé: es el mejor alimento para un bebé, refuerza sus defensas y lo tranquiliza, pero también hace perder rápidamente peso a la mamá tras el parto e incluso la protege contra algunos tipos de tumores.
Y en los países en desarrollo su papel es aún más importante. La leche materna es vida.
Te dedico un poema de Silvia Roncaglia que encontráis en su libro Parole di latte. Abajo encontrarás mi traducción al castellano.

Una goccia di latte,
caduta nella notte,
piano piano si spande
in bianche onde lente.

Mare di latte
con onde di memoria
che della vita
raccontano la storia.

Vita che succhia latte
appena nata
conparole di latte
va narrata.

Son parole
di seno e di calore
succhiate insieme
al battito di un cuore.

Una gota de leche caída en la noche
despacio se expande en blancas olas lentas.

Mar de leche con olas de memoria
que de la vida cuentan la historia.

Vida
que mama leche recién nacida
con palabras de leche hay que narrarla.

Son
palabras de pecho y de calor
que se maman juntos a los latidos de un corazón.